El síndrome de la prisa

Corre, corre que te pillo… y nos pilló. La prisa se ha convertido en un estilo de vida que nos tiene a la mayoría insatisfechos y al borde del abismo. Andamos descarrilados. Atrapados en la trampa de la prisa. Hemos confundido prisa con velocidad. La prisa es correr como pollo sin cabeza, no saber a dónde nos dirigimos, pero seguir corriendo hasta sentirse agotado, consiste en un irse vaciando hasta no saber para qué se vive. Hasta no querer seguir viviendo.  Es la causa del desarraigo espiritual. Seguir leyendo

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