El síndrome de la prisa

Corre, corre que te pillo… y nos pilló. La prisa se ha convertido en un estilo de vida que nos tiene a la mayoría insatisfechos y al borde del abismo. Andamos descarrilados. Atrapados en la trampa de la prisa. Hemos confundido prisa con velocidad. La prisa es correr como pollo sin cabeza, no saber a dónde nos dirigimos, pero seguir corriendo hasta sentirse agotado, consiste en un irse vaciando hasta no saber para qué se vive. Hasta no querer seguir viviendo.  Es la causa del desarraigo espiritual. El sentido de la vida solo puede aparecer cuando se cesa de correr y sustituimos prisa por velocidad, que es saber hacia dónde vamos con determinación y paso ajustado a nuestro tiempo interior, ese que nos permite atender a las razones que nos impulsaron a hacer esto o aquello. Con prisas nunca damos en el blanco, con ese sentido de urgencia acabamos olvidando por qué corríamos y correr se convierte en el objetivo. Esto no significa ir lento, se puede ir muy rápido y no perder el sentido, a veces tiene que ser así, y cada uno de nosotros funciona a distinta velocidad, hay que lograr vislumbrar la adecuada a nuestro ser.  Pregúntate ¿Para qué te levantas por las mañanas? ¿Lo haces a la velocidad ajustada?

¿Cómo transmutamos velocidad en prisa? ¿Cuándo tiene lugar el cambiazo?  Pongamos un ejemplo. Uno inicia un proyecto: montar una empresa, crear una familia, viajar por el mundo… lo que sea. Puede hacerse solo o en compañía. Nos ponemos manos a la obra, empieza esa tensión en la que el deseo puede hacer aparecer a la urgencia, pero sin imponerse, se sube el ritmo, pero sin perder de vista el objetivo. Y desde ahí, se van ejecutando tareas, una detrás de otra, sin prisa, pero sin pausa, felices, a veces cansados pero con alegría porque ese esfuerzo tiene un para qué. Y esto dura un tiempo… y lo urgente y necesario ocupa cada vez más lugar. Y ese trabajo que nos apasiona adquiere una velocidad que no podemos asumir porque nuestro tiempo interior se maneja a otro ritmo, cada vez hay más tareas que atender, aparece el cansancio… pero seguimos… y seguimos, y seguimos… porque nos sentimos internamente obligados a ser productivos, a dar respuestas, por los compañeros, para pagar la hipoteca, para sentir que tenemos éxito. Aparece el estrés. Ya no sé para qué corro. Me agoto, me canso, me pierdo… angustia, ansiedad, depresión. La velocidad ha sido sustituida por la prisa. El propósito por el sinsentido.

En aviación existe, justamente, el “síndrome de la prisa” y se ha investigado en más de uno de los accidentes que desgraciadamente han ocurrido. Se ha observado que cuando la tripulación va sobrecargada de tarea y no tiene tiempo para poder dar una respuesta adecuada, aparece la prisa, los errores y los accidentes. Se aconseja, para evitarlos en la medida de lo posible, nunca ir sobrepasado al tiempo interior y seguir para las tareas una secuencia lineal y lógica. Una cosa detrás de otra. Por suerte nuestra vida no es un avión y podemos equivocarnos y cometer errores, pero los errores de las prisas suelen acabar igual, en accidente. ¿Has comido alguna vez mientras conducías o contestabas mails? ¿Cuántas veces haces más de una tarea a la vez impidiendo poner tu atención en ninguna de ellas? Ya sabes qué hacer: una cosa detrás de otra.

“Nadie está tan ocupado como para no encontrar tiempo para contarle a todo el mundo lo ocupado que está” — Robert Lemke.

Existe un desequilibrio entre sentido interno y externo del tiempo, anoto en mi agenda lo que no soy capaz de vivir, por más que siga las instrucciones de los especialistas en gestión del tiempo. Hasta los niños van corriendo de aquí para allá, del cole a la extraescolar. Vivimos en la tiranía de las prisas, del fast food.  Queremos recetas para todo, para hacer un pastel y para cocinar una buena vida. 10 pasos para encontrar sentido a tu vida en 5 días. Y así nos va. En 1959 los cardiólogos Meyer Friedman y Ray Rosenman acuñaron el término Hurry Sickness, o “enfermedad de la prisa”. Descubrieron que muchos de sus pacientes sufrían de un abrumador, constante y excesivo sentimiento de urgencia. Friedman y Rosenman referían dicha conducta como un patrón de comportamiento caracterizado por una lucha continua, y un intento permanente por lograr hacer más y más cosas en cada vez menos tiempo.

Para salir de la prisa y ajustar la velocidad al objetivo hay que manejarse entre una tensión de opuestos. Como decía el Eclesiastés, hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir.  Para atrapar el presente tenemos que mantener una tensión adecuada entre tiempo pasado y futuro, y para ello aparece el kairós, el “tiempo oportuno”, el tiempo en el que los opuestos se encuentran entre la experiencia y la imaginación creativa. Para vivir el kairós busca el ritmo adecuado para cada cosa.

 “Descansar significa dejar de ir a la caza de nuevas metas, de pasar a toda prisa por el instante, de detenerse y permanecer. Saber descansar significa estar abierto a una dimensión de eternidad, y haber superado el desosiego y la prisa. Entonces estamos en condiciones de percibir lo que permanece: el ser. A quien sabe descansar se le han abierto los ojos para lo eterno, porque solo contempla lo permanente, lo esencial. Solo él posee y sabe lo que es la alegría, lo que es la paz”. Romano Guardini

Párate un momento y repasa tu día… Descansa.

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