La duda como principio

La duda es una señora con muy mala fama, hija de la tormenta y el rayo. Cuando aparece todo se ennegrece y le puede acompañar un terrible dolor de cabeza. De las grandes dudas metafísicas tipo ¿Quién soy yo? ¿Cómo es el mundo? o ¿Qué fue primero el huevo o lagallina? hemos pasado a:

 ¿Me compro el jersey rojo o el verde? ¿Elijo aeronáutica espacial o ingeniería eléctrica? ¿Me como este trozo de chocolate o no? ¿Me engaña con la vecina o no me engaña?… Mucho daño hizo aquello de coger una margarita e ir deshojándola con las preguntas del millón ¿Me quiere? ¿No me quiere? Este es justamente el problema de la tierra de la abundancia, dudar ante las mil posibilidades aparentes que tenemos, pues convierte la abundancia en escasez ya que siempre supera en mucho lo que nos falta a lo que hemos conseguido,   queremos más y más y más y más, y las dudas aumentan de forma exponencial pues cada vez hay más donde elegir. Si ante tantas opciones no hay un yo firme capaz de tomar decisiones nuestra vida se puede tambalear.

lock-44463_960_720La duda nos coloca en un territorio incierto lleno de posibilidades, falsas posibilidades, mientras dudamos todo es posible. Y así pueden pasar los años. Anestesiados, dormitando, dudando, sin tomar una decisión, quejándome y diciendo que las cosas son así…es lo que hay. Dejamos nuestra vida en standbye. Por mal que nos encontremos sentimos que tenemos algo “seguro”, estamos instalados en una rutina que ya hemos hecho nuestra y la tenemos automatizada, incluso las quejas y los reproches ya los tenemos grabados y para expresarlas solo tenemos que dar al play… y se repiten y repiten… Estamos instalados en nuestra zona cómoda. Vale, puede decir alguién ¿Y qué puedo hacer para cambiar? Cambiar. ¿Cómo? Haciendo algo diferente. (Aquí alguien se ha enfadado o frustrado, seguro). Lo siento. Te aporto una idea para empezar: ver la duda como un principio.

Primero, las margaritas, a lo sumo, en un jarrón. No es necesario deshojar margaritas hasta que encontremos aquella que nos dice lo que queremos oír. ¿Qué quieres hacer de verdad? Repito. ¿Qué quieres hacer de verdad y con verdad? La mayoría de veces lo sabemos, ahora bien, sentimos mucha angustia o ansiedad antes de tomar la decisión, la ansiedad es lo que nos impide decidirnos y nos anuncia algo de lo que somos conscientes en alguna medida: tenemos que elegir y elegir es escoger, discriminar, eliminar, renunciar a alguna de las opciones sin saber que la que escojo se dejará escoger.

El destrozo que le hacemos a la pobre margarita no es más que una proyección de todo lo que nos atormenta en nuestro interior.

Sacamos fuera nuestra angustia, ¡Fuera dudas! ¡Fuera responsabilidad! Si me equivoco…de la margarita fue la culpa ¡idiota! Cedemos el control al exterior porque a menudo es más fácil que asumir la responsabilidad personal ante las consecuencias de las decisiones tomadas desde nosotros mismos. Otros en lugar de margaritas se la cargan a la sociedad (o se descargan contra ella) o al tiempo que nos ha tocado vivir, a la crisis, a la educación, a los padres, al clima, etc.  En cualquier caso es una cesión del control de nuestra conducta al exterior, a los otros.

La duda, sin embargo, puede ser una gran compañera de viaje si mantenemos con ella una relación constructiva, si le preguntamos lo que sí nos puede responder. La duda que aquí nos interesa es esta, la que incorpora un aspecto positivo y se asemeja bastante a la duda metódica de Descartes. Me refiero a la que nos abre una brecha para podernos preguntar ¿Es cierto? ¿Voy bien por aquí? ¿Seguro? Entendida así

la duda se convierte en un laboratorio, gracias a ella podemos investigar, explorar, nos abre a la posibilidad de nuevas experiencias y respuestas.

Para que la duda no se convierta en patológica debemos verla como un principio. Tras la duda suele habitar el miedo, el miedo al ridículo, al error, al abandono, a no estar a la altura, a la pérdida de poder, al cambio, a la soledad, a sobrevivir a esa situación…miedo de todos los colores e intensidades.

La duda que construye nos ayuda a no caer en la trampa de creerlo todo cierto a la primera, de permitirse el juego de poner a prueba los cimientos que nos han construido. ¿Alguna vez te han dicho que no podrías estudiar algo, o hacer alguna cosa en concreto? Tal vez te han dicho que… ¿Eres listo? ¿Tonto? ¿Rápido? ¿Lento? ¿Torpe? ¿Manitas? ¿Inútil para las matemáticas? ¿Imposible que llegues a cocinar? ¿Qué no conseguirás adelgazar? ¿Qué nunca serás capaz de madrugar? ¿Qué no eres un buen comunicador? ¿Qué no eres creativo?… ¿Seguro? Esta es la duda que buscamos. Repito ¿Seguro? Hacernos estas simples preguntas:  ¿Seguro que es cierto esto que tú me estás diciendo? ¿Seguro que es cierto esto que estoy pensando ahora de mí?

En resumen, la duda puede ser el inicio de todo sabiendo que deberemos arriesgarnos a trascenderla, a ella y al miedo, y acogernos a la opción que consideremos más válida en ese momento para poder avanzar con autenticidad.  Y luego a volver a dudar. Echando la vista atrás siempre podríamos hacerlo mejor  pero hoy no. Hoy lo he hecho lo mejor que podía.  ¿Seguro?.. Sí, en eso consiste vivir y aprender y crecer: hacerlo súper bien hoy pero peor que mañana.

 

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